
Un inverosímil fugitivo de la justicia en una isla aún más inverosímil. Ese antiguo prisionero sin nombre se comporta más como filósofo. En él no queda nada de la obsesión consigo mismo, típica de los niños y de los escapados de la policía.
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Vaguea por la isla que nada tiene sino un museo y una pileta de natación. Y se enamora de una chica llamada Faustine, que literalmente no lo ve.
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Este es el resumen del argumento de “La Invención de Morel”, del escritor porteño Adolfo Bioy Casares.
En el prólogo, Borges critica a los rusos que, segundo él, nos hicieran creer en todo, incluso en asesinos de bon corazón, una referencia directa a Raskolnikov. Por lo tanto, yo creo, su amigo ha elaborado esa trama tan irreal que terminamos por creerla.
Fuente: Bioy Casares, La Invención de Morel
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