
El presidente uruguayo José Mujica nos sorprendió de nuevo. Luego haber salido de hospital, habló ayer en sus audición rutinera en una radio, y su tema fue mucho diverso de los temas habituales de jefes de Estado. El viejo presidente no pidió votos para correligionarios ni de posibles buenos resultados de la economía, sino de vida, casi de filosofía.
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Para él, nuestra economía se basa en un mecanismo circular de estímulos – el consumo tironea a la producción, que por su vez necesita de un consumo siempre creciente. La voluntad de tener supera en mucho la capacidad de tener. Y pasamos nuestras cortas vidas – añade melancólicamente el presidente – a trabajar más para consumir en exceso. Y el trabajo muy raramente tiene que ver con felicidad. “El consumismo coarta la libertad del individuo”, concluye.
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Seguramente un mensaje muy raro, desde que venida de un jefe de Estado. Esos hombres son tan satisfechos con su suceso que para ellos no hay problemas existenciales. No es lo que ocurre con Mujica – la vida cotidiana existe par él – y sus problemas también.
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